lunes, junio 25, 2018

El sonido de la palabra





El sonido de la palabra
La música no puede prescindir de las palabras
Carlos Gamerro

Cuando analizamos a compositores y escritores que utilizaron la palabra y el lenguaje como material sonoro, relegando el sentido al puro sonido del significante, ¿se convierte en este caso el lenguaje en música? ¿cuál es el umbral o punto exacto en que la palabra se despoja del significado y se convierte nada más que en sonido?
En I am sitting in a room (1970), obra para voz,[1]Alvin Lucier trabaja sobre esta idea.  El compositor graba un texto que después reproduce, graba la reproducción, vuelve a grabar esta nueva reproducción, y así repetidas veces. Cada vez, es más difícil reconocer la imagen acústica de la palabra. Con cada repetición, se advierte la transformación del relato y a lo largo de este proceso se escuchan tan solo sonidos, no reconocibles como pertenecientes a ningún lenguaje. El efecto de esta repetición de grabaciones, gradualmente, incorpora las resonancias y formantes producidas en la sala. Así es cómo las capas sucesivas de cada registro del propio texto son devoradas por su misma repetición, sin que intervenga otra causa que la propia resonancia. En pocas palabras, un proceso de transformación paulatino de la imagen acústica, que se deforma y vuelve cada vez menos reconocible hasta transformarse en un sonido totalmente electrónico.
Esta traducción de palabra a puro sonido abre la incógnita de si el proceso inverso es posible: ¿acaso podría la música transformarse en literatura?
Adorno, en Sobre la música[2], afirma que, según su articulación concreta  y textura organizada, la música es semejante al lenguaje, pero la música no es lenguaje. La búsqueda de aquello que Adorno denominó la “nueva música” llevó a muchos compositores a tomar textos y su significado como material sonoro para la construcción de sus obras. Más aún, algunas obras toman como material solo la imagen acústica de la palabra, un fonema o sílaba para indagar así en lo más íntimo de la música: el sonido.
Son innumerables las obras que utilizan la palabra como elemento sonoro.  Algunas de ellas hacen referencia a su sentido y en otros casos usan monosílabos o sonidos carentes de significado a consecuencia de sucesivas transformaciones. Asimismo, otras se valieron de las formas y estructuras propias del lenguaje. Haremos mención a algunas de ellas, por ejemplo: Répons de Pierre Boulez, Thema (Omaggio a Joyce) de Luciano Berio y Roaratorio: An Irish Circus on Finnegans Wake de John Cage, que encuentran inspiración en los escritos de James Joyce.
La primera de ellas, Repons, de Pierre Boulez. Sin hacer referencia directa a Joyce, Boulez la compuso de a acuerdo a su técnica narrativa, y también a la de Kafka. Escrita entre los años 1981 y 1984, es una obra para seis solistas: arpa, glockenspiel, vibráfono, cimbalom[3], dos pianos, orquesta y electrónica en vivo. Boulez  incorpora en esta obra elementos  de Kafka y Joyce a partir de la interpretación de que sus textos evocan la forma de un espiral, porque narran algo que parece conocido pero por un sendero que conduce a lugares inesperados. Boulez cuenta que también tomó para esta obra la estructura de espiral del Guggenheim Museum de Nueva York, diseñado por Frank Lloyd Wright, el cual se recorre como una suave pendiente, espiralada.
En la puesta de Répons, los solistas rodean a la audiencia y ésta a la orquesta, que se sitúa en el centro. Los seis altavoces circundan a la orquesta.